sábado, 20 de diciembre de 2014

¿Quién se ha llevado a mi Queso?

    Hace tres días una abusiva vecina retuvo a mi hijo Queso en su casa. No puedo decir que lo hizo contra la voluntad del can pues había una hembra en celo junto a él. Guapo y simpático como cualquiera de mis hijos, nadie se resiste a su encanto; por eso pensé que alguien se lo había llevado a su casa, al verlo libre por las calles de la colonia, y que algo peor no le habría podido pasar pues las noticias malas siempre tienen alas.
     Al segundo día de no ver a nuestro Quesinqui nos invadió la tristeza pues creímos que se había ido para siempre. Sólo deseábamos que quien lo tuviera lo tratara mejor que su propia familia (suele suceder), y, personalmente, estaba arrepentido de no haberlo cuidado lo suficiente y de darle la libertad que todo ser viviente necesita.
     A pesar de eso, hoy, al levantarme, esbocé un amargo “¿Quién coño me ha robado a mi Quesín?”, inspirado por el verso final de un soneto de Joaquín Sabina, usado como introducción de su canción “¿Quién me ha robado el mes de abril?”. A media mañana llevaba dos versos de mi propio soneto cuando me dieron la noticia de la aparición de mi pequeño. De ahí hasta esta hora traté de terminarlo lo mejor que pude.
     Disculpen, lectores míos, lo burdo de mi estilo y haberme “plagiado” otra vez a mi sensei.


¿Quién despierta, por ti, de madrugada?
¿Quién retiene tu voz entre un millón?
¿Quién agita la cola a tu llegada?
¿Quién, hijo, te ha mordido el corazón?

¿Quién espera paciente tu regreso?
¿Quién te lleva a tomar el autobús?
¿Quién cambia sus croquetas por tu hueso?
¿Quién pudo acompañarte a Veracruz?

¿Quién oye tan sumiso tu regaño?
¿Quién te huye pero al fin disfruta el baño?
¡Quién es menos hermano que Caín!

¿Quién deja tus pantuflas en la calle?
¿Quién es tu referencia en todo el Valle?
¡Quién coño se ha llevado a mi Quesín!


Orizaba, Veracruz a 20 de diciembre de 2014.

viernes, 3 de enero de 2014

LA SED. Una crónica de bar.

"Su texto está más cercano al cuento que a la crónica, la cual introduce los diálogos en el entrelineado de su descripción; falta también una cronología de los hechos. Se toma en cuenta la creatividad con que narra su texto.
CALIFICACIÓN 9 (NUEVE)"
(Ignacio Trejo Fuentes, Instructor del módulo de Crónica del Diplomado en Creación literaria, UV-UAM).

La anécdota es real pero no reuní lo necesario para volverla cuento; resultó un híbrido que no me desagrada tanto. Los detalles son sal y pimienta.


En el reloj de pulsera de Fermín faltaban ocho minutos para que fueran las tres de la tarde; era uno de esos sábados calurosos de abril en la ciudad de Orizaba, Veracruz. Apenas alcanzó a doblar la esquina de Oriente 3 hacia Norte 6 cuando escuchó la voz festiva de César a su espalda.
–¡Qué onda, Fer! ¿Tomo agua o qué?
Un “¡Jajajá!” fue la respuesta de Fermín desde la acera. Y agregó:
–Pues todavía estamos a tiempo para la hora del amigo, ¿no?
–Entonces… nomás deja ver dónde estaciono mi “reuma”.
Eran aquellos gloriosos días en que no existían los parquímetros.
Total que quedaron de reunirse en el bar Kuixin, por ser el más cercano y menos ruidoso de los del centro. Fermín aprovechó los minutos intermedios para hacer una llamada en uno de los teléfonos del parquecito de Cri-cri.
Un par de ingleses no habrían podido ser más puntuales que estos dos amigos que, por una de esas casualidades de la vida, terminaron siendo tres. En el trayecto César se había encontrado con Santitos y, después del habitual saludo, le espetó la típica frase “¿Tomo agua o qué?”, con la que lo había convencido de refrescarse la garganta junto con ellos.
–¿Qué van a tomar? –inquirió la mesera, apenas vio que sus potenciales clientes ocupaban una de las mesas junto a la pared.
–Cerveza –respondió en tono de broma César, con la discreta complacencia de los otros dos.
–Sí, pero ¡¿de cuáles?!
–No se enoje –concilió Fermín–. Le puede hacer daño. A mí tráigame una Victoria bien fría.
César coincidió en gusto con Fermín y Santitos se pidió una Corona. Iban a la mitad de esa primera cerveza cuando la mujer que los atendía les trajo el caldo correspondiente. Los que han entrado en ese sitio sabrán que hay una botana diferente por cada día de la semana y, para evitar malos entendidos, hasta las tienen apuntadas en la pared. (El difunto “Cuchillo”, que sabía latín, me ilustró alguna vez con que lo que dan en los bares no son botanas pues éstas deberían ser exclusivamente de vegetales. En fin.)
A las tres con quince minutos, más o menos, Santitos pidió la segunda chichiktzin, como se acostumbra decirle en náhuatl a la cerveza, por su sabor. Mas, luego que acabó de ordenarla se golpeó la frente con la palma de la mano y se le salió un infrecuente “¡Chiiingao!”.
–¿Y ahora qué, Santitos? –preguntó Fermín.
–Se me olvidó ir a la papelería para lo que me encargó mi hijo.
–Pero ahorita vas y lo compras, ¿no?
Lo cierto es que los sábados casi todos los establecimientos de la Pluviosilla cierran a las dos o, por muy tarde, a las tres, por tanto la imagen del desencanto en la cara de Santitos estaba más que justificada.
–Tranquilo –terció César–. ¿Ya qué puedes hacer?
–Pues nada, realmente. Tendré que regresar el lunes a comprar.
–Pero… eso no quita la sed, Santitos –remató César.
Y después de una carcajada bastante estruendosa, los tres cofrades hicieron chocar sus botellas y exclamaron “¡Salud!”. Festejar las ocurrencias de César era algo habitual e inevitable. La única que no compartía esa alegría era la empleada que, llegada de nuevo al borde de la mesa, botó ante estos escandalosos parroquianos sendos platitos de plástico con dos empanadas de papa. El exceso de grasa de las fritangas no fue de importancia para ellos que no tenían empacho en mostrar el abultado abdomen característico de una vida sedentaria.
A la mitad de la tercera cerveza Santitos y César se quedaron mirando con extrañeza a Fermín que, después de haber dado un sorbo a su bebida, fijó la mirada en la etiqueta de la botella y sonrió para sí. Sin levantar la vista, y adivinando las preguntas que sus compañeros tenían para él, explicó que el lunes próximo debía entregar unas enciclopedias que le habían encargado en una escuela de la sierra. El día anterior había hecho el pedido a la editorial y prometió depositar el dinero, sin falta, el sábado por la mañana.
–Y qué. ¡Se te olvidó! –adivinó Santitos.
–Sí, canijo.
–¿Ya no llegas al banco?
–No. Voy a tener que hacer el depósito el lunes y recibir el material hasta el martes. Pero ya quedé mal con los maestros de aquella escuela.
–Mira. Lo importante es que estamos bien –intervino César–. Ya el lunes resolverás cualquier asunto pendiente.
Fermín, como dije antes, sonreía resignado, pero la sonoridad de las carcajadas volvió a inundar las paredes del pequeño bar cuando César esgrimió su “Eso no quita la sed”.
La alegre convivencia siguió su curso, entre comentarios sobre el estado del tiempo, el muy probable fin de la inmortalidad del cangrejo, el costo de la vida, la portada del número actual de la revista TVyNovelas, la chica más guapa del barrio, la importancia de la geometría no euclidiana y demás. Las risas, no faltaron, como tampoco las cervezas ni más botanas ni la cara furibunda de la mesera. Mucho menos podía faltar el festejo por la frase del día creada esa tarde.
El calor y la ansiedad que ésta conlleva habían disminuido un poco, lo que hizo a Fermín echar una mirada a su reloj. Fue en ese momento que entró en el bar un joven bolero; se detuvo medio metro delante del marco de la puerta y preguntó a los clientes:
–¿Es de alguno de ustedes un vochito blanco con placas de Puebla, que estaba aquí a la vuelta?
Después de una pausa agregó:
–Se lo acaba de llevar la grúa.
“¡No mamen!” fue la expresión de César en el momento de levantarse de su silla y encaminarse a toda prisa hacia la salida. Se regresó a la mitad de la estancia para poner un billete de cincuenta pesos sobre la mesa.
–Voy a la delegación por mi carro –dijo con un tono serio –. Luego nos vemos.
A punto de salir fue detenido por la voz de Fermín:
–¡César! Pero que no se te olvide.
Con el cuerpo a medias entre la puerta escuchó la frase a coro:
–¡Eso no quita la sed!
La mesera, junto a la rockola, no pudo contenerse y se unió a las carcajadas de Santitos y Fermín. César salió por completo intentando azotar la puerta, lo cual no consiguió ya que las puertas de algunos bares, como la del “Kuixin”, se abren y se cierran al estilo de un abanico.
Todavía Santitos dijo a Fermín con toda la picardía de que era capaz:
–Creo que eso le dio más sed.

Osman López Tlehuactle

viernes, 13 de diciembre de 2013

Viernes trece.

No encuentro el tiempo,
el cielo huele a cebo.
¿Serán las horas
amantes de Morfeo?
Ya no presiento,
se han ido a un viaje eterno
la fe, la duda,
la ciencia y lo que creo.
Relojes mueren
tan sólo de recuerdos,
y luego pasa
la vida sin aliento.
Se va lo cierto
y queda aquí el pretexto
de dar por vivo
a lo que ha estado muerto.

Me canso y sigo,
la causa pierde efecto,
y entonces brilla
un hueco de silencio.
Me está pudriendo
el hígado el veneno
y doy un sorbo,
que mata más el miedo.
Si pienso existo,
si existo ya no pienso;
es relativo
comer, reír... el sueño.
Ya estoy flotando,
mejor me quedo quieto.
Que vuele Psique;
pies, vivan en el suelo.

Nunca un texto mío en el que predomine la escritura automática ha logrado mi aprobación para ser publicado. Quizá mañana ya quiera modificarle el ochenta por ciento, pero hoy se queda así.

Orizaba, Veracruz, a 13 de diciembre de 2013.

jueves, 16 de mayo de 2013

Por Juan Rulfo

Disculpen, esto es prosa.

Hoy cumples años tú,
el verdadero padre de todos los Páramo.
¿Felicidades Juan Rulfo? No lo sé.
Sé que es feliz tu fantasma,
vagando por los desolados paisajes de tus obras;
sé que somos felices tus lectores
(antes, durante y después de la lágrima),
felices porque existe la poesía.

viernes, 8 de marzo de 2013

Todo el palpitar de una canción.

Hoy me acordé de don Agustín Lara y su "Mujer", gracias a que todo mundo se llena la boca con el único día del año que es internacionalmente reconocido como de y para la mujer. La influencia del músico poeta se mezcló con otras en mi mente y logré esbozar lo siguiente. Sé de uno de mis hermanos del alma que aplaudirá la extensión del texto, la cual, por cierto, contrasta con el enorme significado que poseen estas palabras. (El que tenga oídos oiga).


MUJER

Eres mi divino yo
y eres mi yo pecador.
Yo soy tan tú como tú,
que eres tan yo como yo.

Orizaba, Veracruz, a 8 de marzo de 2013.


Dedicado a todas las mujeres, empezando por las que a lo largo de mi vida han estado tan cerca de mí.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Eso que llaman navidad.


Rescaté este texto de hace exactamente nueve años. Con las sacudidas se le cayeron unas palabras mal puestas y tuve que repararlo. Quería publicarlo el 22 de diciembre y no me dio tiempo, pero nunca es tarde.

Es verdad.
El invierno nos arropa
con su aliento de frío anticipado.
Y deambulan por la noche
bufandas, guantes y abrigos
en los cuerpos de unos cuantos.

Es verdad.
La gente construye estrellas,
parpadeantes y pequeñas,
con las luces de sus casas.
Mientras los niños ofrecen,
de puerta en puerta y por un peso,
sus naranjas y limas
en ramas de un árbol cualquiera.

Es verdad.
La navidad inmigrante
se acomoda en los semblantes,
en las bufandas y amigos,
en las naranjas y rimas,
 en las estrellas… contigo.

22 de diciembre de 2003 - 22 de diciembre de 2012.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Bicentenario ¡NO!

Lejos de los pretenciosos bicentenario y centenario, en los cuales
se está gastando el dinero que hace falta como aumento de sueldo
a miles de trabajadores, se debería estar trabajando por alcanzar la
verdadera libertad y porque la desigualdad social no sea tan marcada.
Parece que Rodrigo González no murió hace ya veinticinco años
y que esta canción suya fue escrita apenas ayer.
Intentemos hoy tomarnos unas cervezas en honor del Rockdrigo,
si es que esta acción no perjudica a nuestras quincenas.
Es cierto que al mal tiempo buena cara, pero me agrada con la ironía
que le puso el Profeta del nopal a su rola, pues hasta en las últimas
frases se aprecia su buen humor.
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Balada del asalariado
 
Me asomé a la ventana y vi venir al cartero,
me entretuve pensando en una carta de amor.
Mas no, no, no...
Era la cuenta del refri y del televisor.
 
Me asomé a la ventana y vi venir a Romero,
me entretuve pensando en que venía a saludar.
Mas no, no, no...
Eran seis meses de renta que tenía que pagar.
 
Me asomé a mis adentros, sólo vi viejos cuentos
y una manera insólita de sobrevivir.
Miré hacia todos lados, dije: "Dios ¿qué ha pasado?"
-Nada, muchacho. Sólo eres un asalariado.
 
Por la puerta han entrado mi mujer y mis hijos,
preparo la alegría que nos va a acariciar.
Mas no, no, no...
La despensa y la escuela se tienen que pagar.
 
Pagar, pagar, pagar,
pagar sin descansar.
Pagar tus pasos, hasta tus sueños;
pagar tu tiempo y tu respirar;
pagar la vida con alto costo
y una moneda sin libertad.
Suben las cosas menos mi sueldo,
¿Qué es lo que se espera de este lugar?
 
Me fui para la iglesia a buscar un milagro,
rezándole a un retablo quise ver la cuestión.
Mas no, no, no...
Lo que vi fue al diablo de la devaluación.
 
Me asomé a mis adentros, sólo vi viejos cuentos
y una manera insólita de sobrevivir.
Miré hacia todos lados, dije: "Dios ¿qué ha pasado?"
-Nada, muchacho. Sólo eres un asalariado.
 
Me asome a la ventana y vi venir a tu hermana…
(Menos mal)
Me asome a la ventana y vi venir a tu hermano.