sábado, 22 de noviembre de 2008

Sapo verde soy yo


Como he estado algo ocupado, no me había acordado de que el 12 de noviembre este murciélago hablador cumplió su primer año. Tal vez este texto que les presento no sea lo más adecuado para el festejo, pero es una pesadilla que me despertó ayer en la madrugada y, siguiendo la creencia popular de que si lo cuentas no sucede, aproveché que lo tenía muy claro para escribirlo. Tal vez no comprendan por qué le doy tanta importancia; sólo diré que lo tomé como una metáfora de mi vida futura.

No se olviden de felicitar al ánima de Comala.

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Eran luces en el cielo,
era una noche de estrellas.
Era un amigo sonriendo
que me decía: "Son aquellas
constelaciones antiguas
que se inventaron los griegos".

Era cierto; era Pegaso,
era Virgo, era Cefeo.
Y eran extrañas las líneas
uniendo puntos etéreos,
como en un mapa celeste
de una noche, un hemisferio.

Era un blanco parpadeo
iluminando el ambiente.
Y era tan raro. Era fuego,
era noche intermitente.
Era eléctrica y gigante
chispa, y era frío de hielo.

Era ya la madrugada
suplente del cielo espeso,
eran voces familiares
en vez de mi amigo viejo.
Y era entonces que mi calle
se transformó en parque ajeno.

Era sordo el ajetreo
en las calles aledañas.
Era arriba fiero vuelo
de esas ráfagas extrañas,
precipitando en picada
su luz, que ya no era incendio.

Eran, en conjunto, todas,
formación de un carro aéreo,
agitando en su caída
las moléculas del viento.
Y eran las calles barridas
por su brisa al ras del suelo.

Era turbio aquel momento
en que se ahogaron las voces.
Era, en la banca, mi cuerpo
testigo de esas veloces
partículas -ahora globos
de colores, de globero.

Eran, de pronto, estallidos
atropellando al silencio:
Los globos, desmenuzados,
en mis manos eran negros.
Era mi juicio aturdido.
Era un sueño y era miedo.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Me mareo

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El Cristo, en el cerro Macuilxóchitl, de Zongolica, además de un amanecer desde las curvas -que llamamos Vueltas- de Atlanca, en el municipio de Los Reyes, son parte de la verdiblanca sierra.



Discúlpenme si las imágenes no están colocadas de manera muy artística; ando con poco tiempo y muchos problemas para subir rápido las fotos.
Quiero comentar que me gustó la combinación de colores y que, como siempre he dicho, las mejores fotos no son las que preparas sino las que te salen por casualidad.



No voy a misa los domingos ni fiestas de guardar, así como tampoco pienso que esta estatua de cemento tenga más valor material que otras que son famosas. Me siento entero porque he tenido la fortuna de archivar en la memoria imágenes como ésta.
"Gracias a la vida que me ha dado tanto..."


Asfalto sobre veredas,
farmacias que eran boticas.
Un niño no fue a la escuela...
Brilla el sol
a las diez
otra vez
en Zongolica.

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martes, 30 de septiembre de 2008

Planetas, Galaxias, Universos...

Aquí me tienen, escribiendo para otros. Y mi hermosa novia sigue esperando por su canción. Paciencia mi Chely, por favor. Aunque es gracias a ti, desde la esquina en que te espero, que he tenido la ocurrencia de esto.
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BURBUJERO

Poeta del agua...
del jabón y del aire,
das la impresión
de que alguien
(llámalo Dios, si quieres)
subsidia tu tiempo
para que regales,
desde tu esquina,
tus esferas de arcoiris
-testimonio palpable
de la muerte y la resurrección
en instantes.

(No imagino remunerado
tu esfuerzo
de sugerirnos
espuma y aritos mágicos
de los que,
luego, en casa,
no obtendremos lo que tú.)

Con medio centavo
por burbuja
que a diario sale de tus manos
en menos de una semana
serías
un burbujero millonario.

viernes, 1 de agosto de 2008

Mis poemas

Escribí esto hace unos años, después de que Jaime Sabines trazó una sonrisa en mi emocionado rostro con un poema del que no recuerdo el nombre. No es exactamente lo que hizo él, aclaro. También varía un poco el asunto de mi autoestima pues este texto me parece algo de lo bueno que he escrito. Fue pensado para toda aquella a quien en algún momento le haga un poema y que, a pesar de que me lo pueda agradecer con, por lo menos, una sonrisa, no lo entienda por completo.

El Beto y otras amistades me dicen cosas del tipo: "¡¿Le escribiste una canción a la chica y a pesar de todo te abandonó?!" "¡Con este poema, hermano, no es posible que esta niña te diga que no!" Pero como no todas las féminas disfrutan de un escrito de esta naturaleza y no todo en la vida de una mujer son poemas (falta amor), también se lo dedico a las que no me lo agradezcan jamás, por qué no.
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Escribo mil poemas al mundo...
mi mundo -que eres tú- recién cortado,
recién abierto a ojos vagos,
mis ojos, pues, sin ti sordomudos.

Atrapas uno al fin, con cuidado
remontas a la nube en que está impreso
mi amor, como las caras -preso-
de una moneda absurda en tus manos.

Desgranas con mi ayuda las frases
-azules margaritas de mil síes-
que dictas, sin saberlo. Ríes
de lo que son tus ojos capaces.

Y vuelas, con mi lengua por guía,
por un hogar añil de eternos peces,
desiertos que en ti reverdecen
y soles con fulgor noche y día.

Me cuentas sin palabras tus sueños
de niña... alegrías, rezos, penas.
Yo pienso en un nuevo poema,
tú piensas que mi amor es pequeño.

Te enredo en el feroz torbellino
de mi alma, agazapada en las palabras.
Respiras, suspiras, me abrazas;
te beso y te descubro conmigo.

Te alejas de mi tiempo y mi espacio
apenas ha llegado el nuevo día;
nació mi mejor poesía
anoche, que morimos despacio.

Te olvidas de mi voz, desbaratas
los pétalos del sol en un segundo;
te escribo poemas y el mundo
sabe mejor que tú que me matas.

martes, 10 de junio de 2008

Y EN EL SÉPTIMO DÍA NO DESCANSÓ

No hay muchos preámbulos para este texto porque ya me regañó Amanecer, sólo diré que ya me cacharon en que uso un estilo ajeno. Pero es un buen estilo.

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Le di una sacudida
a mi pequeña cocina
y se sacudió mejor mi alma.
Hoy les brillan los dientes
a los platos, jarros y cucharas
que ayer desayunaban polvo.

Por dentro y por fuera,
le regalé la humedad de un trapo al refri,
y lo salvé
de la decadencia segura por bacterias.

Aparte de la consabida
vaca de cartón de un litro,
metí en él ocho tortillas,
cuatro jitomates,
seis guachinangos,
un puñado de chiles verdes,
cinco calabacitas,
tres chayotes,
un rollo de zanahorias
y no sé cuántas papas rosadas,
de esas que se despintan al hervir.

Puse también, encima,
tunas, mangos,
aguacates, limones,
una cabeza de ajo y una cebolla.

Hacen falta más cosas
pero con esto basta por ahora.

En los días que vienen
quitaré el polvo
de las alfombras y las cortinas,
aunque me quede sin alfombras y cortinas
(que están hechas de polvo).

Pediré el desalojo a las arañas
-sólo a las excesivas
para no estar sin compañía.

Condenaré al baño y al exilio
a todas y cada una de las figuritas
que viven sobre mi escritorio y mi librero.
Sólo que después del baño
seguro ya las habré indultado
de lo demás.

Pondré a unos mutantes
que se identifican con la X,
y a dos que tres superhéroes,
a vigilar mi habitación
desde las paredes cacarizas,
como lo hacían antes.

Finalmente ordenaré mis revistas,
mis libros
y mi historia personal en documentos.
Y sé que los dos primeros acomodos
serán más divertidos.
También sé
que terminaré otra vez
con la mitad de mi archivo
lleno de papeles inservibles.

Y…

cuando,

por fin…

haya terminado…

volveré a empezar…

a sacudir mi alma.
Tequila, Ver., junio 10 de 2008.

martes, 13 de mayo de 2008

UN SONETO MÁS

La llamada Teoría del caos afirma que la más pequeña variación en las condiciones iniciales de un suceso pueden derivar en resultados tan distintos entre sí. A esta conclusión llegó el matemático Edward Lorenz en 1963 cuando aplicó su disciplina en la predicción del tiempo atmosférico. "El aleteo de una mariposa en Yosondúa, Oaxaca puede desatar una tormenta tropical en San José, California". (Perdón por el ejemplo pero he visto que cada cual menciona los lugares que mejor le parecen, así que me tomé la libertad).
Bueno, pues de esta manera nació el concepto de Efecto mariposa, aunque en Wikipedia dicen que se inspiró en el proverbio chino que dice: "El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo". Como sea, se oye más poético que científico y es aplicable en todos los aspectos de nuestra vida.
Jejé. Tanta explicación tan sólo porque incluí el concepto en mi más reciente soneto y no lo vieran tan raro. Disculpen mi solemnidad. Voy amordazando la tristeza por un rato.
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Me he puesto a caminar por Orizaba,
mirando su aire turbio frente a frente,
danzando… tropezando con la gente
-extraños de banqueta que extrañaba.

No es aquel Madrid del que platica
Joaquín ni el Buenos Aires de mil tangos;
jamás la flor del caos de los chilangos,
y nunca el verde mar de Zongolica.

Pero es la Pluviosilla generosa,
discordia, capital de un micromundo,
nostalgia, dulce y sal, entre otras cosas.

Y a veces aletea por un segundo
el humo de un efecto mariposa
y soy en estas calles vagabundo.

Mayo 13 de 2008.

viernes, 25 de abril de 2008

Y... ¿por qué?

Xquenda es una niña en la edad de los "¿Por qué?". Hoy, a través de su madre -mi amiga Leti, la Ceramista Mariposa-, conocí su pregunta más reciente, misma que da título a lo que escribí después. Me ha regalado, con su "¿por qué?", sonrisas de verdad. No podía hacer menos que devolverle el regalo, que al principio iban a ser unas greguerías.
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Mamblik ¿por qué a la tristezada no le gusta la alegría?
(Posibles respuestas a Xquenda, la Gran Alma, en capullo, de la Ceramista Mariposa)

¿Será porque
las tristez hadaz prefieren
regalar la alegría
y no quedársela?

¿Será porque
la tristezada prefiere
ser pareja de alguien (algo)
del sexo complementario,
como, por ejemplo… El humor?

¿Será porque
(noyoloikni* Nacho me lo dijo)
la alegría te nubla la vista
y la tristezada prefiere
ayudarte a meditar?

¿Será porque
la tristezada juzga
a la alegría
sin conocerla a fondo?
¿O porque
podría plantear
esta misma pregunta
pero al revés?

Pero el niño (y la niña)
que forma lo que soy
me dijo -apenas hoy-
que la tristezada
no quiere a la alegría
tan sólo “porque es alegría”.

Tequila, Ver. Abril 25 de 2008.

*Noyoloikni
No = Prefijo que indica posesión de la primera persona del singular: mi.
Yolotl = Corazón.
Ikni = Hermano.

lunes, 14 de abril de 2008

Una mujer que no era de este mundo

Releí por casualidad los primeros capítulos de Pedro Páramo y me encontré conque mucho de lo escrito sobre mi "tristeza" -y publicado recientemente en este blog- está influenciado por las lecturas que he hecho de la obra. No podía ser de otra forma; Susana San Juan es toda una musa y Pedro -como yo-, un niño. También, para mi texto, he tomado elementos de Leti una gran amiga -oaxaqueña, de poesía y alma sublimes- y de Beto, magnífico "descriptor" prosa-poético de Chilpancingo, Guerrero (recomendado desde ésta, mi Calle Melancolía). Sería estupendo que después de leer estos soberbios fragmentos de nuestro Juan Rulfo, corrieran -literalmente- por el libro para adentrarse en la desolada y vital (!) Comala. Son sólo deseos.
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-¿Qué tanto haces en el excusado, muchacho?
-Nada, mamá.
-Si sigues allí, va a salir una culebra y te va a morder.
-Si mamá.
"Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos papalotes en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento. 'Ayúdame, Susana'. Y unas manos suaves se apretaban a nuestras manos. 'Suelta más hilo'.
"El aire nos hacía reír, juntaba la mirada de nuestros ojos, mientras el hilo corría entre los dedos detrás del viento, hasta que se rompía con un leve crujido como si hubiera sido trozado por las alas de algún pájaro. Y allá arriba, él pájaro de papel caía en maromas arrastrando su cola de hilacho, perdiéndose en el verdor de la tierra.
"Tus labios estaban mojados como si los hubiera besado el rocío."
-Te he dicho que te salgas del excusado, muchacho.
-Sí, mamá. Ya voy.
"De ti me acordaba. Cuando tú estabas allí mirándome con tus ojos de aguamarina."
Alzó la vista y miró a su madre en la puerta.
-¿Por qué tardas tanto en salir? ¿Qué haces aquí?
-Estoy pensando.
-¿Y no puedes hacerlo en otra parte? Es dañoso estar mucho tiempo en el excusado. Además, debías de ocuparte en algo. ¿Por qué no vas con tu abuela a desgranar maíz?
-Ya voy, mamá. Ya voy.

-Abuela, vengo a ayudarle a desgranar maíz.
-Ya terminamos; pero vamos a hacer chocolate. ¿Dónde te habías metido? Todo el rato que duró la tormenta te anduvimos buscando.
-Estaba en el otro patio.
-¿Y qué estabas haciendo? ¿Rezando?
-No, abuela, solamente estaba viendo llover.
La abuela lo miró con aquellos ojos grises, medio amarillos, que ella tenía y que parecían adivinar lo que había dentro de uno.
-Vete, pues, a limpiar el molino.
" A centenares de metros, encima de todas las nubes, más, mucho más allá de todo, estás escondida tú, Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y adonde no llegan mis palabras."
-Abuela, el molino no sirve, tiene el gusano roto.
-Esa Micaela ha de haber molido molcates en él. No se le quita esa mala costumbre; pero en fin, ya no tiene remedio.
-¿ Por qué no compramos otro? Éste ya de tan viejo ni servía.
-Dices bien. Aunque con los gastos que hicimos para enterrar a tu abuelo y los diezmos que le hemos pagado a la Iglesia nos hemos quedado sin un centavo. Sin embargo, haremos un sacrificio y compraremos otro. Sería bueno que fueras a ver a doña Inés Villalpando y le pidieras que nos lo fiara para octubre. Se lo pagaremos en las cosechas.
-Si, abuela.
-Y de paso, para que hagas el mandado completo, dile que nos empreste un cernidor y una podadera; con lo crecidas que están las matas ya mero se nos meten en las trasijaderas. Si yo tuviera mi casa grande, con aquellos grandes corrales que tenía, no me estaría quejando. Pero tu abuelo le jerró con venirse aquí. Todo sea por Dios: nunca han de salir las cosas como uno quiere. Dile a doña Inés que le pagaremos en las cosechas todo lo que le debemos.
-Si, abuela.
Había chuparrosas. Era la época. Se oía el zumbido de sus alas entre las flores del jazmín, que se caía de flores.
Se dio una vuelta por la repisa del Sagrado Corazón y encontró veinticuatro centavos. Dejó los cuatro centavos y tomó el veinte.
Antes de salir, su madre lo detuvo:
-¿Adónde vas?
-Con doña Inés Villalpando por un molino nuevo. El que teníamos se quebró.
-Dile que te dé un metro de tafeta negra, como ésta -y le dio la muestra-. Que lo cargue en nuestra cuenta.
-Muy bien, mamá.
-A tu regreso cómprame unas cafiaspirinas. En la maceta del pasillo encontrarás dinero.
Encontró un peso. Dejó el veinte y agarró el peso.
"Ahora me sobrará dinero para lo que se ofrezca", pensó.
-¡Pedro! -le gritaron-. ¡Pedro!
Pero él ya no oyó. Iba muy lejos.

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"El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo; Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: 'Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él'. Pensé: 'No regresará jamás; no volverá nunca."
-¿Qué haces aquí a estas horas? ¿No estás trabajando?
-No, abuela. Rogelio quiere que le cuide al niño. Me paso paseándolo. Cuesta trabajo atender las dos cosas: al niño y el telégrafo, mientras que él se vive tomando cervezas en el billar. Además no me paga nada.
-No estás allí para ganar dinero, sino para aprender cuando ya sepas algo, entonces podrás ser exigente. Por ahora eres sólo un aprendiz; quizá mañana o pasado llegues a ser tú el jefe. Pero para eso se necesita paciencia y, más que nada, humildad. Si te ponen a pasear al niño, hazlo, por el amor de Dios. Es necesario que te resignes.
-Que se resignen otros, abuela, yo no estoy para resignaciones.
-¡Tú y tus rarezas! Siento que te va a ir mal, Pedro Páramo.

...

sábado, 29 de marzo de 2008

Armonioso combate a mi amargura

Considero que ésta es una buena fotografía, la mejor que he tomado. Aunque, por supuesto, las opiniones pueden variar.

La llamo "Armonía en serio" (eso es lo de menos) y es de un diciembre que ya no recuerdo si fue de 2004 o de 2005.

Ellos son "mi vida repartida en dos almas".

viernes, 28 de marzo de 2008

Un escrito antiguo

Hace ya casi cinco años que escribí esto, como un intento de fotografiar los síntomas del enamorado (al menos a mí así me pasa). "Apasionamiento" quise ponerle después en lugar de "enamoramiento", y todo porque al diseñador de la imprenta se le ocurrió "adornar" mi texto con corazoncitos. Finalmente dejé el título como está porque así lo pensé originalmente y porque esa palabra me pareció mejor. Pero vaya que nos apasionamos cuando la chica pasa de obsequiarnos la simple mirada ocasional a la sonrisa del "Tú también me gustas".
Por estas fechas se me hizo propicio desenpolvar ese escrito y por eso decidí publicarlo en el blog.
Sé que lo que leerán a continuación es bastante cursi pero ya Fernando Pessoa me amarró el dedo antes de la cortada: "Todas las cartas de amor son ridículas"


BREVE CRÓNICA DE UN ENAMORAMIENTO

En el meridiano de mi nueva historia,
unos ojos entrecerrados
(o entreabiertos… no sé)
llamaron a la puerta de los míos.
Se hacían acompañar de un par de labios,
presumiblemente dulces,
que apuntaban sus extremos hacia el cielo.
No hubo mayor elocuencia que la que prefirieron callar
y, sin más, huyeron.

Volvieron, tres o cuatro sueños después,
de ella acompañados
y me confiaron su nombre.
Dueña ya de la llave,
se internó en mí
y, en un acto de alevoso canibalismo
(o vampirismo… no sé),
arrancó de mi pecho la bomba de sangre.
Lentamente y con hambre de festín
la masticó entera
hasta que se confundieron en su boca
perlas blancas y rojas.

Fui, entonces, un hombre de hojalata.
En mi pecho se agitaba
(o palpitaba… no sé)
el hueco que dejó.
Y no hubo camino amarillo que seguir
para remediar tal hecho.
No fueron suficientes cuarenta días,
en el desierto de su imagen,
para resignarme a poblar este espacio
con arena del mar.
No. No sólo de paz vive el hombre.

La encontré, a fuerza de buscarla,
en la Isla del Embrujo.
Me esperaba con la invitación
(o sugestión… no sé)
entre pestañas a mirarla.
Con esa boca imantada hacia la mía
y que no se descarga antes de besarme.
Francamente, ya no quise deshabitar sus ojos.
No quise cerrar mis oídos a su voz de sirena
y, más deleitado que Odiseo,
me solté del mástil.
Comprendí
que el tam-tam perdido volvería a mí,
poco a poco,
sólo si lo buscaba entre sus labios.
Supe que es posible ser esclavo
si el pago,
aun siendo mínimo y a destajo,
son besos de mujer.
Después de todo,
ella puso en mi sien
el dilema de seguir solo o con ella.

Desde entonces,
mi desayuno diario
es un amargo “¿Qué debo hacer?
¡¿Qué puedo hacer ahora?!”
Y, a cada parpadeo,
viene su aliento a alimentar mis pulmones…
y su cara a asear la mía…
y sus besos a vestir mis labios…
y su sutil presencia
a invadir mis pláticas con los amigos.
Y me despierto, cada noche,
con este amor de “sólo por hoy;
mañana… no sé”.
Y, al punto, miles de emociones
-incansables criaturas-
desfilan alrededor de mi cama.
Pero…
ella piensa menos que yo en el día después.

No sé qué virtud hay en ella
para dejarla comer mi corazón.
No sé dónde vive cuando no está cerca de mí.
No sé por qué sería capaz
de dejarla sustraer también mi alma,
aunque me la devuelva -más tarde y si quiere-
deshecha por sus incisivos blancos.
Quizá sea porque yo
estaré radiante
de haber desahogado las pruebas
del presunto sabor de su boca…
de haber conocido su piel por referencias de mis dedos.

Y, al fin,
no sé si me perdonará
por hacer público el rapto de mi duende.
Pero no hay manera de evitarlo:
sus ojos cantan lo que ella amordaza;
también los míos, cuando son suyos.
Y no existe truco que disperse
la magia de sus ojos entreabiertos
(o entrecerrados… no sé)
ni los kilómetros de labios
que muerdo con desesperación
en uno sólo de sus besos.

Así,
mientras las letras de plástico manchan la pantalla,
me desgasta el frío.
Pero no logro perderme.
Ella me da calor desde sus sueños.
Aun, sé que esta noche
–por lo menos esta noche-
estoy en ellos.
¿Mañana? No sé.

31 de julio de 2003

miércoles, 26 de marzo de 2008

Intento de poema

Esto es algo dedicado a una chica de la que sé menos de lo que
el "buen juicio" aconseja. Ojalá se lo pueda entregar pronto y
le guste. Es todo mi deseo.
Miento; me gustaría con este texto que se fijara en mí.
Ya veremos.

En ti

Si pienso en ti no pienso
qué sucede esta noche en Etiopía;
si alcanzó la comida o si mañana
beberán tantos niños
espejos de una espalda y utopías.

Si pienso en ti no escucho
las voces de mis hijos, la ternura
que derraman a gritos. Son mi vida
repartida en dos almas;
armonioso combate a mi amargura.

Si pienso en ti no estoy atento.
No distingo las manchas industriales
sobre el agua y el aire.
No huelo ya del suelo el hambre
de sereno, de sol, de minerales;
de ausencia de cemento.

Si pienso en ti le pierdo
el sabor a la música; no existen
los poemas cantables, las canciones
de exquisito lirismo.
Es simple ser feliz, lo triste es triste.

Si pienso en ti, sin ti, no siento
la caricia de un cuadro, los geniales
monumentos del arte.
No aprecio a sabios que comparten
su silencio, su paz, sus ideales;
su entereza de viento.

Si pienso en ti,
amor,
en ti me ausento.

domingo, 3 de febrero de 2008

DE VIOLENCIA Y OTROS CUENTOS


El 16 de mayo de 2006 se cumplieron 20 años de que en Sevilla, España se firmó y dio a conocer la Declaración sobre la Violencia; habría que recordar que 1986 fue conocido como el Año Internacional de la Paz (por lo que se ve, no han traducido aún esa declaración al inglés ni la han enviado a los belicosos Bush). No es que tenga buena memoria, supe de ello al leer El cuento de la violencia, de Santiago Genovés, publicado por la SEP en 1999, libro que se puede encontrar en cualquier biblioteca escolar o pública

A lo largo de su ensayo (lo de “cuento” es pura ironía), el autor nos lleva a la conclusión de que no hay justificación en la naturaleza para que el ser humano sea violento, aunque por años se haya creído así. La respuesta, dice, está en la cultura; la cultura de la guerra, la cultura del poder, la cultura de la violencia generalizada e institucionalizada. Genovés apoya su tesis en que “la más sencilla de dos explicaciones es la que debemos preferir”, ya que ésta tiende a ser la correcta, tal como sentencia la Navaja de Ockham, y en los contundentes versos de Emilio Prados:


No es lo que está roto, no,
el agua que el vaso tiene,
lo que está roto es el vaso
y el agua al suelo se vierte.



Si se han repasado las ideas del Marqués de Sade o Friedrich Nietzsche, por ejemplo, éste es un buen libro para confrontarlas o, mejor aun, comprenderlas; si no, de cualquier forma vale la pena leerlo.

miércoles, 30 de enero de 2008

Esta voz es mía

La guerra que se acerca estallará
mañana lunes por la tarde
y tú en el cine sin saber
quién es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.


Joaquín Sabina. (Esta boca es mía. 1994)






Pareciera que los versos del epígrafe sintetizaran la realidad social, no sólo de Zongolica sino de la mayoría de los pueblos de México y Latinoamérica. Pueblos con tanto que decir al mundo y tan sordomudos. Pareciera que las personas de hoy somos menos persona y más máquina. Los adultos platicamos con el deporte televisado, las amas de casa tienen como mejor amiga a la telenovela con mayor audiencia, los adolescentes cuentan sus penas a sus teléfonos móviles y a la canción de moda y los niños buscan ser los héroes de sus amigos en los videojuegos de la esquina. Pareciera que los seres humanos ya no nos movemos por los impulsos eléctricos propios de nuestro sistema nervioso, tanto como por los impulsos electrónicos de las máquinas de hoy.

Por supuesto, con esto no me refiero a todos los habitantes de cada uno de esos lugares, pues de cuando en cuando surgen sonidos guturales armoniosos que se plasman en la memoria colectiva. “El Escolar Provinciano”, revista del Profesor Melitón Guzmán I. Romero y el periódico “El Regional”, a cargo del Profesor Apolinar J. Zepahua, entre otros, son ejemplos de voces que se dejaron escuchar a lo largo del siglo pasado en la Sierra de Zongolica. Voces que, sabiendo que su aparato fonador algún día habría de secarse, hubieron de convertirse en voces de papel. Y es que aun hoy -con todos los adelantos tecnológicos en comunicación-, los libros, las revistas y los periódicos permanecen en pie de lucha, haciendo patente que uno de los inventos más notables de los chinos: el papel, sigue siendo el medio idóneo para que la gran diversidad de voces que retumban en las montañas y edificios de todo el mundo sean escuchadas permanentemente.

Al enajenamiento actual por las máquinas hay que agregar la idea generalizada acerca de que el valor cultural de un pueblo está en las cosas que dejaron nuestros antepasados. Estamos de acuerdo pero no es todo, pues todos los días -todos los seres humanos- hacemos cultura.

Es en ese ambiente en el que, hace cuatro años, surge DIXI voces de papel, una modesta revista independiente a la que llamamos “de cultura, crítica e ideas” y que ha sido bien recibida por los diversos sectores de la población. En ella convergen nuestro pasado, con brújula descompuesta y tan manoseada, y nuestro enigmático futuro, que sólo tendrá sentido en la medida en que lo transformemos positivamente actuando ahora, en este presente con claros síntomas de pubertad. DIXI, palabra latina que significa “Dije” o, más contundentemente, “He dicho”, nos recuerda que somos nosotros -la gente y no las máquinas- quienes debemos hacer uso de la voz para decir al mundo lo que somos.

Debemos, además, poner de manifiesto que la importancia cultural de Zongolica –como la de cualquier otro pueblo- no reside en sus montañas, ni en sus calles, casas e iglesias, ni en su historia; está presente en su gente, esa gente que habita sus montañas, que construye sus casas, calles e iglesias, esa gente que escribe –todos los días- su historia. A esa gente hemos llamado desde siempre para que inunde con su voz las páginas de DIXI Queremos que esa gente exprese, como nosotros: “He dicho Esta voz es mía”.

Texto basado en la presentación de la revista DIXI en el Congreso de Recopiladores de Historia y Cronistas de la Tradición Oral llevado a cabo en el Museo de Palmillas, municipio de Yanga, Veracruz, el día 22 de abril de 2006. Fue publicado en el Número 17 de la misma revista, en febrero de 2007.