miércoles, 30 de enero de 2008

Esta voz es mía

La guerra que se acerca estallará
mañana lunes por la tarde
y tú en el cine sin saber
quién es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.


Joaquín Sabina. (Esta boca es mía. 1994)






Pareciera que los versos del epígrafe sintetizaran la realidad social, no sólo de Zongolica sino de la mayoría de los pueblos de México y Latinoamérica. Pueblos con tanto que decir al mundo y tan sordomudos. Pareciera que las personas de hoy somos menos persona y más máquina. Los adultos platicamos con el deporte televisado, las amas de casa tienen como mejor amiga a la telenovela con mayor audiencia, los adolescentes cuentan sus penas a sus teléfonos móviles y a la canción de moda y los niños buscan ser los héroes de sus amigos en los videojuegos de la esquina. Pareciera que los seres humanos ya no nos movemos por los impulsos eléctricos propios de nuestro sistema nervioso, tanto como por los impulsos electrónicos de las máquinas de hoy.

Por supuesto, con esto no me refiero a todos los habitantes de cada uno de esos lugares, pues de cuando en cuando surgen sonidos guturales armoniosos que se plasman en la memoria colectiva. “El Escolar Provinciano”, revista del Profesor Melitón Guzmán I. Romero y el periódico “El Regional”, a cargo del Profesor Apolinar J. Zepahua, entre otros, son ejemplos de voces que se dejaron escuchar a lo largo del siglo pasado en la Sierra de Zongolica. Voces que, sabiendo que su aparato fonador algún día habría de secarse, hubieron de convertirse en voces de papel. Y es que aun hoy -con todos los adelantos tecnológicos en comunicación-, los libros, las revistas y los periódicos permanecen en pie de lucha, haciendo patente que uno de los inventos más notables de los chinos: el papel, sigue siendo el medio idóneo para que la gran diversidad de voces que retumban en las montañas y edificios de todo el mundo sean escuchadas permanentemente.

Al enajenamiento actual por las máquinas hay que agregar la idea generalizada acerca de que el valor cultural de un pueblo está en las cosas que dejaron nuestros antepasados. Estamos de acuerdo pero no es todo, pues todos los días -todos los seres humanos- hacemos cultura.

Es en ese ambiente en el que, hace cuatro años, surge DIXI voces de papel, una modesta revista independiente a la que llamamos “de cultura, crítica e ideas” y que ha sido bien recibida por los diversos sectores de la población. En ella convergen nuestro pasado, con brújula descompuesta y tan manoseada, y nuestro enigmático futuro, que sólo tendrá sentido en la medida en que lo transformemos positivamente actuando ahora, en este presente con claros síntomas de pubertad. DIXI, palabra latina que significa “Dije” o, más contundentemente, “He dicho”, nos recuerda que somos nosotros -la gente y no las máquinas- quienes debemos hacer uso de la voz para decir al mundo lo que somos.

Debemos, además, poner de manifiesto que la importancia cultural de Zongolica –como la de cualquier otro pueblo- no reside en sus montañas, ni en sus calles, casas e iglesias, ni en su historia; está presente en su gente, esa gente que habita sus montañas, que construye sus casas, calles e iglesias, esa gente que escribe –todos los días- su historia. A esa gente hemos llamado desde siempre para que inunde con su voz las páginas de DIXI Queremos que esa gente exprese, como nosotros: “He dicho Esta voz es mía”.

Texto basado en la presentación de la revista DIXI en el Congreso de Recopiladores de Historia y Cronistas de la Tradición Oral llevado a cabo en el Museo de Palmillas, municipio de Yanga, Veracruz, el día 22 de abril de 2006. Fue publicado en el Número 17 de la misma revista, en febrero de 2007.

1 comentario:

  1. Me faltaron los inflatables signos de admiración en partes precisas del texto, pero les aclaro que no me los admite el formato. Gracias por visitarme.

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