sábado, 29 de marzo de 2008

Armonioso combate a mi amargura

Considero que ésta es una buena fotografía, la mejor que he tomado. Aunque, por supuesto, las opiniones pueden variar.

La llamo "Armonía en serio" (eso es lo de menos) y es de un diciembre que ya no recuerdo si fue de 2004 o de 2005.

Ellos son "mi vida repartida en dos almas".

viernes, 28 de marzo de 2008

Un escrito antiguo

Hace ya casi cinco años que escribí esto, como un intento de fotografiar los síntomas del enamorado (al menos a mí así me pasa). "Apasionamiento" quise ponerle después en lugar de "enamoramiento", y todo porque al diseñador de la imprenta se le ocurrió "adornar" mi texto con corazoncitos. Finalmente dejé el título como está porque así lo pensé originalmente y porque esa palabra me pareció mejor. Pero vaya que nos apasionamos cuando la chica pasa de obsequiarnos la simple mirada ocasional a la sonrisa del "Tú también me gustas".
Por estas fechas se me hizo propicio desenpolvar ese escrito y por eso decidí publicarlo en el blog.
Sé que lo que leerán a continuación es bastante cursi pero ya Fernando Pessoa me amarró el dedo antes de la cortada: "Todas las cartas de amor son ridículas"


BREVE CRÓNICA DE UN ENAMORAMIENTO

En el meridiano de mi nueva historia,
unos ojos entrecerrados
(o entreabiertos… no sé)
llamaron a la puerta de los míos.
Se hacían acompañar de un par de labios,
presumiblemente dulces,
que apuntaban sus extremos hacia el cielo.
No hubo mayor elocuencia que la que prefirieron callar
y, sin más, huyeron.

Volvieron, tres o cuatro sueños después,
de ella acompañados
y me confiaron su nombre.
Dueña ya de la llave,
se internó en mí
y, en un acto de alevoso canibalismo
(o vampirismo… no sé),
arrancó de mi pecho la bomba de sangre.
Lentamente y con hambre de festín
la masticó entera
hasta que se confundieron en su boca
perlas blancas y rojas.

Fui, entonces, un hombre de hojalata.
En mi pecho se agitaba
(o palpitaba… no sé)
el hueco que dejó.
Y no hubo camino amarillo que seguir
para remediar tal hecho.
No fueron suficientes cuarenta días,
en el desierto de su imagen,
para resignarme a poblar este espacio
con arena del mar.
No. No sólo de paz vive el hombre.

La encontré, a fuerza de buscarla,
en la Isla del Embrujo.
Me esperaba con la invitación
(o sugestión… no sé)
entre pestañas a mirarla.
Con esa boca imantada hacia la mía
y que no se descarga antes de besarme.
Francamente, ya no quise deshabitar sus ojos.
No quise cerrar mis oídos a su voz de sirena
y, más deleitado que Odiseo,
me solté del mástil.
Comprendí
que el tam-tam perdido volvería a mí,
poco a poco,
sólo si lo buscaba entre sus labios.
Supe que es posible ser esclavo
si el pago,
aun siendo mínimo y a destajo,
son besos de mujer.
Después de todo,
ella puso en mi sien
el dilema de seguir solo o con ella.

Desde entonces,
mi desayuno diario
es un amargo “¿Qué debo hacer?
¡¿Qué puedo hacer ahora?!”
Y, a cada parpadeo,
viene su aliento a alimentar mis pulmones…
y su cara a asear la mía…
y sus besos a vestir mis labios…
y su sutil presencia
a invadir mis pláticas con los amigos.
Y me despierto, cada noche,
con este amor de “sólo por hoy;
mañana… no sé”.
Y, al punto, miles de emociones
-incansables criaturas-
desfilan alrededor de mi cama.
Pero…
ella piensa menos que yo en el día después.

No sé qué virtud hay en ella
para dejarla comer mi corazón.
No sé dónde vive cuando no está cerca de mí.
No sé por qué sería capaz
de dejarla sustraer también mi alma,
aunque me la devuelva -más tarde y si quiere-
deshecha por sus incisivos blancos.
Quizá sea porque yo
estaré radiante
de haber desahogado las pruebas
del presunto sabor de su boca…
de haber conocido su piel por referencias de mis dedos.

Y, al fin,
no sé si me perdonará
por hacer público el rapto de mi duende.
Pero no hay manera de evitarlo:
sus ojos cantan lo que ella amordaza;
también los míos, cuando son suyos.
Y no existe truco que disperse
la magia de sus ojos entreabiertos
(o entrecerrados… no sé)
ni los kilómetros de labios
que muerdo con desesperación
en uno sólo de sus besos.

Así,
mientras las letras de plástico manchan la pantalla,
me desgasta el frío.
Pero no logro perderme.
Ella me da calor desde sus sueños.
Aun, sé que esta noche
–por lo menos esta noche-
estoy en ellos.
¿Mañana? No sé.

31 de julio de 2003

miércoles, 26 de marzo de 2008

Intento de poema

Esto es algo dedicado a una chica de la que sé menos de lo que
el "buen juicio" aconseja. Ojalá se lo pueda entregar pronto y
le guste. Es todo mi deseo.
Miento; me gustaría con este texto que se fijara en mí.
Ya veremos.

En ti

Si pienso en ti no pienso
qué sucede esta noche en Etiopía;
si alcanzó la comida o si mañana
beberán tantos niños
espejos de una espalda y utopías.

Si pienso en ti no escucho
las voces de mis hijos, la ternura
que derraman a gritos. Son mi vida
repartida en dos almas;
armonioso combate a mi amargura.

Si pienso en ti no estoy atento.
No distingo las manchas industriales
sobre el agua y el aire.
No huelo ya del suelo el hambre
de sereno, de sol, de minerales;
de ausencia de cemento.

Si pienso en ti le pierdo
el sabor a la música; no existen
los poemas cantables, las canciones
de exquisito lirismo.
Es simple ser feliz, lo triste es triste.

Si pienso en ti, sin ti, no siento
la caricia de un cuadro, los geniales
monumentos del arte.
No aprecio a sabios que comparten
su silencio, su paz, sus ideales;
su entereza de viento.

Si pienso en ti,
amor,
en ti me ausento.