martes, 10 de junio de 2008

Y EN EL SÉPTIMO DÍA NO DESCANSÓ

No hay muchos preámbulos para este texto porque ya me regañó Amanecer, sólo diré que ya me cacharon en que uso un estilo ajeno. Pero es un buen estilo.

_________________________________________________

Le di una sacudida
a mi pequeña cocina
y se sacudió mejor mi alma.
Hoy les brillan los dientes
a los platos, jarros y cucharas
que ayer desayunaban polvo.

Por dentro y por fuera,
le regalé la humedad de un trapo al refri,
y lo salvé
de la decadencia segura por bacterias.

Aparte de la consabida
vaca de cartón de un litro,
metí en él ocho tortillas,
cuatro jitomates,
seis guachinangos,
un puñado de chiles verdes,
cinco calabacitas,
tres chayotes,
un rollo de zanahorias
y no sé cuántas papas rosadas,
de esas que se despintan al hervir.

Puse también, encima,
tunas, mangos,
aguacates, limones,
una cabeza de ajo y una cebolla.

Hacen falta más cosas
pero con esto basta por ahora.

En los días que vienen
quitaré el polvo
de las alfombras y las cortinas,
aunque me quede sin alfombras y cortinas
(que están hechas de polvo).

Pediré el desalojo a las arañas
-sólo a las excesivas
para no estar sin compañía.

Condenaré al baño y al exilio
a todas y cada una de las figuritas
que viven sobre mi escritorio y mi librero.
Sólo que después del baño
seguro ya las habré indultado
de lo demás.

Pondré a unos mutantes
que se identifican con la X,
y a dos que tres superhéroes,
a vigilar mi habitación
desde las paredes cacarizas,
como lo hacían antes.

Finalmente ordenaré mis revistas,
mis libros
y mi historia personal en documentos.
Y sé que los dos primeros acomodos
serán más divertidos.
También sé
que terminaré otra vez
con la mitad de mi archivo
lleno de papeles inservibles.

Y…

cuando,

por fin…

haya terminado…

volveré a empezar…

a sacudir mi alma.
Tequila, Ver., junio 10 de 2008.