martes, 14 de septiembre de 2010

Ni a mi peor enemigo

Siete veces, desde que tengo memoria, he estado en hospitales. Nunca internado sino acompañando a familiares. Y si agrego las visitas que he hecho a mis amistades, mi conocimiento de lo que se vive en estos sitios es más que suficiente para el texto que ahora presento. Comencé a escribirlo la semana pasada, durante mi más reciente (y nada grata) experiencia en el Hospital del IMSS de la ciudad de Orizaba, Veracruz, y lo termino hoy quizá con más ganas de cambiar unas palabras o de agregarle contenido que en este momento no sé expresar. Dedico los dos últimos cuartetos a ese personal y esos practicantes de cuyos nombres no quiero acordarme.
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VIDA DE HOSPITAL

Es veneno alardeando en una espina;
monolito con base de cristal...
Es el monstruo que pone la piel china
desde el taxi la vida de hospital.

Es silencio y murmullos en concierto;
es audiencia efectuando el recital...
Es Babel, es la voz en el desierto;
indolente es la vida de hospital.

Es terror transparente por tus venas,
sed de zombies con guantes y bozal,
conversión de tu sábana en cadenas;
es angustia la vida de hospital.

Es exceso de blanco en los zapatos,
y es escaso el perfil emocional...

El sarcasmo es suplente del buen trato;
es un circo la vida de hospital.

Autoengaño es que vences a la muerte,
que tu ciencia “no sabe de ese mal”,
que tener cobertura es mucha suerte…
eufemística vida de hospital.